En un despacho con mil pólizas las solicitudes llegaban por WhatsApp, por correo y por teléfono, y nadie podía decir a quién ya le habían contestado. Lo llevaban a base de acuerdos internos. No les alcanzaba: el equipo decía que ya había contestado y el cliente le escribía al dueño que nadie lo había buscado.
Todos los canales caen en una sola bandeja, con el estatus y el tiempo de respuesta de cada solicitud.



















